Las redes sociales ¿un mal necesario?

En los últimos cinco años cobraron una gran magnitud, a tal punto que forman parte de nuestra vida cotidiana. Si bien hay un sector de la sociedad que aún no las consume, sea por la brecha tecnológica, desinterés u otras razones; un gran porcentaje de él hace referencia a las redes sociales en sus conversaciones cotidianas o se familiariza al oírlas en los medios masivos.

¿Se puede vivir sin ellas? Desde un punto de vista biológico la respuesta se cae de madura, pero ¿qué decir desde el plano cultural?. Sabemos que el comportamiento de masas es irracional, pero el uso de las redes no responde a una simple moda. Las culturas avanzan, cambian, y uno no puede quedarse atrás. O sí puede, pero quedará excluido de innumerables cuestiones. Por ejemplo, las laborales, pues muchas personas son contratadas por estas vías que cuentan con la data personal de sus aficionados. Y ya que tratamos el tema “trabajo”, qué utilidad encierran para quienes ejercen la profesión de periodistas. Ellos no pueden estar al margen de esta realidad. En las redes se expresan opiniones, ideas, hechos, la vida misma; y el periodismo se encarga de transmitir justamente esto.

Más allá del trabajo, hay algo que nadie puede negarle a las redes sociales, y es su poder de conectar. En ellas se dejan atrás todas las desigualdades y se rompen todas las barreras geográficas. Ahí está la clave de su importancia: el hombre es un ser social, necesita comunicarse, sentirse escuchado, dar y recibir. Y si las relaciones personales no te lo garantizan, por el individualismo con el que vivimos, la tecnología aprovecha esta triste situación y hace estragos.

Si en tu cotidianidad recibís más espaldas que miradas, más críticas que alientos, más juicios que abrazos, más crueldad que armonía; la PC te ofrece otra realidad, la virtual. Allí, atrás de una pantalla, uno puede sentirse escuchado, puede interactuar, publicar sin censura, practicar por así decirlo un poco de democracia. Claro está que no todo es color de rosas. Faltan límites, hay peligros e inseguridades en el medio; pero para algunos individuos esto duele menos que la indiferencia, el peor mal de nuestros tiempos.

Es momento de mirar alrededor, de comprender que los cambios son necesarios, pero es vital controlarlos para que sean benéficos, para avanzar y no retroceder. Sacar provecho de las ventajas, trabajar en la diferencias parece ser el mejor camino.

Mucho se critica a la tecnología, pero no creo que una máquina sea tan cruel como la humanidad…

 

Belén Uriarte

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