Lo que yo no pueda lo hará Dios

La pequeña bahiense, Candela Montangie, enferma de cáncer,

comenzó con un nuevo tratamiento en el hospital italiano y

necesita ayuda. Su madre, Verónica Poltronieri, pide

colaboración en los medios y redes sociales, para poder

afrontar los gastos de la recuperación neurológica

de su hija. La ciudad da una gran respuesta.

 

 

La historia conmueve. Casos como este hay muchos, pero la energía de esta

madre generó una repercusión pocas veces vista. Desde el año pasado, su

niña de dos años y medio, lucha un tumor diagnosticado en el cerebelo. A lo

largo de su enfermedad fue intervenida quirúrgicamente en diez oportunidades

y sufrió una hemorragia cerebral. Ésta a su vez, produjo parálisis cerebral

espástica y la reaparición del cáncer, motivo por el cual este mes ha vuelto a

realizar quimioterapia. Y tanto padecimiento dejó secuelas. Por eso, hoy tiene

que ser rehabilitada, para lo cual es imprescindible mejorar la infraestructura de

su hogar y construir un baño para ella sola, entre otras cosas.

La familia sólo cuenta con el sueldo de empleado del papá, y busca

colaboración para poder llevar a Candela a su casa. Su mamá utiliza Facebook

como medio para dar a conocer los progresos y los retrocesos de su nena,

y también en busca de una mano solidaria. Allí ofrece bonos que pueden

adquirirse en diversos locales de la zona céntrica de nuestra ciudad: Frontera

(Yrigoyen 210), Gius (Belgrano 15), Rancho Aspen (San Martín 116) y Saba

Estilista (Perú 270), y brinda la cuenta del Banco Nación (Sucursal 1130),

a nombre de Candela Naomi Montangie: 1308647535, c.b.u.01101306/

30013086475351, para quien quiera donar.

“Mientras Candela no tenga el certificado por discapacidad hay cosas que la

obra social nos cubre solo el 40%. Su rehabilitación va desde un lugar apto en

su casa hasta un baño sólo para ella”, expresa con indignación Verónica.

Sin embargo, no pierde las esperanzas. “Sabemos que su mejoría se basa

en la rehabilitación neurológica, sin ella tardaría más o no lo lograría. Yo como

mamá quiero recuperar todo lo que pueda a mi chiquita y lo que no pueda yo,

lo hará Dios”, manifiesta con una fe inquebrantable.

Para la familia Candela es el ejemplo de que Dios es quien tiene siempre la

última palabra, es el milagro de estar aún viva, pese a tantos sometimientos

médicos y medicamentos de cualquier tipo. Con sus escasos años y casi sin

emitir sonido, dice tanto a la sociedad, la sacude de tal medida, que ya existen

varios grupos religiosos y personas que desde el anonimato, no le ponen límite

a la solidaridad.

Y mientras la plata se junta, la familia se une y la niña trata de ganar una nueva

batalla: dejar atrás la neutropenia febril causada por efecto de la quimioterapia,

que la deja sin defensas. Ya ha ganado muchas y aún restan otras tantas.

Como cuenta su madre no todo es color de rosa, hay instantes donde los

brazos se caen pero hay algo que mantiene los ojos alertas y el corazón fuerte:

es la oración, ese diálogo fluido con Dios, que “Cande” conoce a la perfección.

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